No puedo ocultar la felicidad que siento al recibir tan buenas noticias de su parte. Admito que la ocasión no fue la apropiada porque bien sabe que no acostumbro a interrumpir la redacción de mis proyectos a menos que la oportunidad lo justifique.
En este caso, lo justifica mi felicidad por sus logros que supongo admitirá que en gran parte se deben exclusivamente a mí.
Diría buenas tardes porque en este momento acá son tardes y de las buenas, aunque no sé si a la hora de recibir esta carta serán por allá unas noches o unas mañanas tan buenas como estas. Quizás menos, tal vez mejores. En todo caso, convengamos que la distancia que media entre Usted y yo las vuelve indescifrables. A las tardes, digo. Aunque también a su estado de ánimo que me imagino tan bueno como estas tardes que no sé si serán aquellas, ni tan noches, ni tan mañanas. No quiero distraerla demasiado de sus ocupaciones si -como imagino- por fin está ocupada. En ese caso tal vez no tenga tiempo para leer esta carta ni para contestarla, pero si no fuera así, le pediría que lo haga. No sé porqué se lo pido porque bien sé que justamente cuando no está ocupada es el momento en que su malhumor aumenta y desiste de contestar toda correspondencia, incluso la mía.
Le escribo, después de algún tiempo, con el propósito de hacerle saber lo feliz que me he sentido luego de emprender con tanto éxito mi nuevo proyecto.
Lamento que los avatares de la vida nos hayan hecho más viejos y menos camaradas.
Por suerte, aplicando la nueva regla matemática de simplificar los términos menos deseados sin importar el lugar en que se encuentren, aún queda eso de querido.
Tal vez esté como todos: narcotizado por la euforia de los titulares.
Ante su apelativo de denuncia en el blog corrí a leer de qué se trataba y debo confesar que no me interesó tanto la vaca, pero descubrí que ha armado un bello patio, aunque no tan bello como el que se ve desde esta radio imaginaria. Por si hace mucho que no acude a este sitio, le comento que los naranjos están floreciendo y huelen de maravillas. Mucho mejor que antes, a pesar de la ausencia de visitantes. Es obvio que las plantas hacen lo suyo sin importarles nada de nosotros, por más que a veces les demos una mano.
Le agradezco infinitamente haberme sacado del letargo, ya que sus palabras me han empujado a escribir estas líneas y juro que hacía rato no encontraba motivo para hacerlo.
En estos últimos meses me he dedicado a enderezar mi zigzagueante vida amorosa y aún me replanteo el tema de la escritura. Debo confesarle que sigo dedicándome a lo uno y replanteándome lo otro.
A juzgar por los hechos sólo he escrito bien y profusamente cuando era necesario enamorar a una mujer. Muy grave error, por supuesto, ya que nunca se acaba la tarea de enamorar a una mujer -sea la misma u otra- y por lo tanto nunca debería haber dejado de escribir bien y profusamente.
Muchas de las cosas que ha escrito ya las he disfrutado antes y otras que me son indiferentes. Quizás le sirva que le diga que me encantó su desmesura. Desde la idea que sugiere el título hasta ese primer texto que la introduce y aún más la idea de que sea (alguna vez) un libro álbum. Lo comprometo a que como viejo y querido camarada me acerque un ejemplar autografiado en cuanto tenga oportunidad de estar frente a frente o sea enfrente de mí, pero no en la vereda ídem.
Mi querido, Verás que contesto con presteza tu carta anterior porque te imagino ansioso de respuestas y ya te he dicho que la ansiedad transforma tus suaves facciones en un rostro cuasi-cubista que lastima el mío con sus aristas.
Sinceramente, ya no estoy tan segura de poder llevar a cabo lo que tanto esperas de mí.
Antes de escucharte hablar de una debilidad de carácter que justamente en este caso no me anima, te aclaro que no se trata de eso sino más bien del rumbo incierto que han ido tomando mis pensamientos.
Bien dices que mi deseo siempre ha sido conseguir de tí un amor incondicional, exclusivo y persistente como aquel al que haces referencia, sólo que hoy no estoy tan segura de conformarme con uno tan insignificante y previsible. Me conozco y creo que no resistiría mucho tiempo sin echar de menos un destello de locura en tus labios, un resquicio de duda en tus caricias, un miedo impreciso en tu silencio, algo de mito en tus palabras.
De hacer lo que me pides, probablemente ya no tendría ninguna oportunidad de encontrar en tí vestigios de esa pasión ciertamente esquiva que, sin embargo, tan infinito placer me produce a pesar del sufrimiento que acecha como una serpiente en su interior. Lo que es peor, estaría condenada a buscar con desesperación en otros hombres -lo que indudablemente no aprobarías- un rastro o señal que me rescate de la existencia opaca en la que tarde o temprano el desatino de tu plan me iría acorralando.
En fin, espero sepas comprender lo que te expreso no obstante la crudeza de mis razones. Estoy segura que a pesar de la desilusión que probablemente experimentes, tú tampoco deseas verme languidecer como un trofeo sobre tu escritorio.
Mi vida, te escribo porque es preciso, por no decir de una urgencia insalvable y perentoria, que cometas este crimen necesario tal como te lo vengo solicitando desde hace un tiempo. Se entiende que al dejar este pedido expresamente registrado por escrito no deberás temer a las consecuencias del acto que con tanta vehemencia te induzco a perpetrar.
Entenderás que tampoco es mi intención sembrar alarma en los hogares ni en las instituciones. Mucho menos en las altas esferas -por no mencionar las bajas, que como es de público conocimiento suelen alarmarse con mayor frecuencia-.
Estoy persuadido que haber conseguido tan trabajosamente nuestra intimidad de caracol nos da derecho a tratar este y otros asuntos con absoluta prescindencia de Damas y Caballeros desconocidos con derecho a voz y voto.. Asuntos que, por otro lado, difícilmente estarían al alcance de su entendimiento.
En cuanto a los aspectos prácticos, prometo sugerir la mejor coartada, evitar cabos sueltos que conduzcan al móvil, elegir el medio más apropiado para que puedas cumplir con tu parte sin imprevistos ni desprolijidades.
Tal vez sea necesario que lo repita, mi vida, pero me urge que asesines todo aquello que de mito, duda, miedo, locura hay dentro de mí, toda vez que aún sostengas -como quiero creer- el deseo de darle lugar al otro, ese otro insignificante y oscuro que sólo sabe amarte en silencio, sin condiciones.
Donde dice "sí", debería leerse "no". Donde dice "no", debería leerse "sí". Donde dice "no sé", debería leerse "por supuesto". Donde dice "puede ser", debería leerse "es". Donde dice "nunca", debería leerse "siempre". Donde dice "fue", debería leerse "¿será?" Donde dice "espero", debería leerse "des-espero". Donde dice "imposible", debería leerse "¿porqué no?" Donde dice "idiota", debería leerse "imbécil". Donde debería leerse "lo siento", hay páginas y páginas repletas de tonterías.
Donde dice "te amo", debería sentirse exactamente eso.
Una chica, con la que intimé un cierto tiempo, tenía la curiosa costumbre de enviarme cartas casi a diario. si dije "cartas", es fácil deducir cuánto hace de esto...
Todas, invariablemente, en distintos formatos y con diferentes caligrafías que me permitían adivinar sus estados de ánimo, decían una sóla cosa. "Pienso mucho en tí".
Cuando se me empezaron a retorcer las extremidades y mi piel se puso viscosa, un amigo en común -que luego supe había sufrido los mismos síntomas-, me abrió los ojos aunque ya era demasiado tarde.
La tipa era una bruja que solía juguetear con alfileres sobre el cuerpo de peluche de cada uno de sus ex-amantes.
Después de años de predicar con el ejemplo el sencillo y engañosamente efímero culto al placer por el deleite ante una buena comida, el buen sexo y la energizante contemplación de la vida como valores mucho más esenciales que la compulsión al trabajo, el estado de la cuenta corriente o la pérdida del cabello.
Después de haber lamentado la pérdida inevitable de varias hijas de Ustedes, a causa de la intransigencia de vuestras narices fruncidas ante este descarriado e inconducente hedonismo que nunca encontré apropiado defender, aunque sí profesar sin reservas, a pesar de los frunces de referencia.
Hoy, por fin, puedo sentirme tranquilo.
La "revolución del caracol", ese movimiento que hace del "elogio a la lentitud" su bandera, ha dado sustento filosófico a lo que difícilmente hubieran comprendido sin experimentarlo.
Lamento no estar ya en oferta. Pero juraría que sus hijas -alguna de ellas, si no todas- deben saberlo: aún en contra del mundo, de la tele, de los celulares, de la estúpida mirada de los otros, y de tantas otras tonterías que no vienen al caso enumerar, siempre se encuentra a alguien para quien el tiempo del placer es puro placer sin tiempo.
Cordialmente suyo,
Aquel que no sé si recuerdan, pero ellas seguro que sí.
Te escucho todo el tiempo decir que deseas leer historias que te transporten a mundos o lugares en los que nunca estuviste y que supones vas a conocer por este intermedio. O que buscas hacer tuyos los sentimientos que otros sintieron, y que dejaron impresos para siempre en el texto de un libro.
Pienso que eres un poco imbécil si crees que una hoja de papel puede hacerte llorar o gozar más de lo que lo podés hacerlo por tus propios medios, pero esto no debería decírtelo, porque pierdo plata.
Correspondencia. Informe preliminar desde el Otro País
Estimado Maestro:
Le informo que efectivamente, el sector más radicalizado de las costureras ha comenzado, ante la falta de respuesta del Gobierno, un plan de acciones relámpago para apropiarse de las agujas de los relojes. En muchos barrios se viven momentos de confusión, ya que la gente ignora si ya sucedió lo que esperaba o debe esperar a que suceda. Las esquinas y los bares de la ciudad son escenario de inusitadas aglomeraciones. Algunos aguardan a los que tal vez nunca lleguen. Otros, a los que se marcharon hace rato, maldiciendo por lo bajo. Pacientes e impacientes son víctimas del mismo desconcierto.
Cada vez toma mayor fuerza el rumor acerca de una negociación secreta entre el Otro País y Este País para intercambiar glaciares por agujares. En el Gobierno se sospecha de Una Secretaria por la filtración, pero otras versiones inculpan a un plomero inexperto.
Por otro lado, los efectos del desabastecimiento de agujas se están haciendo notar, insensiblemente, pero cada vez con mayor intensidad. Dos botones que saltaron y una camisa que queda abierta, una falda que cae de repente con las costuras rebalsadas, los pasillos de los edificios que lucen brillantes a fuerza de cientos de dobladillos de pantalones descosidos, son detalles insignificantes pero que marcan una tendencia que muchos temen y muy pocos pueden imaginar dónde termina.
Hasta aquí mis notas preliminares, Maestro. Seguiré informándolo tan pronto como se sucedan los acontecimientos. El viaje bien, gracias.
Entiendo que todo barrio que se precie de tal debería tener un pajar. De no ser así, le recomiendo dirigirse al barrio inmediatamente vecino al suyo.
Una aguja en un pajar, obviamente, se encuentra en el lugar menos pensado. Y lamento informarle que sólo algunos pocos camellos tienen la debilidad de quedarse atascados en el ojo de una aguja.
Efectivamente, si usted desea dormir doscientos años debe pincharse con dos agujas, aunque no necesariamente del mismo pajar. Nótese que la dificultad de cumplir tal presunción estriba en que usted debería encontrar la primera sin pincharse, lo que no es usual. O encontrar las dos simultáneamente.
Le recomiendo calurosamente la experiencia de dar puntada sin hilo. Ideal para aliviar tensiones.
Por último, y disculpe que sea inflexible en esto, sólo puede ser un divino botón.