miércoles, julio 05, 2017

Escribo



Escribo, escribí, escribía.

En cuadernos, papeles, servilletas,
muros, pieles desnudas, pantallas.

Lo que fuera según el caso.

Escribía, escribí, escribo.

Usted me dice que así no es,
que no sirve, que no resulta.
Pero yo se que sí a pesar de su no.
Así estamos.

Me habla de respetar las formas
y yo no quiero los formalismos.
Me dice que hay ciertas reglas
y yo sólo tengo una, que presumo
no cuenta en su inventario:
Basta de reglas!

Así estamos,
Usted y yo.

Escribo, escribí, escribía.

Usted habla de aspiraciones,
pero nunca de exhalaciones.
De objetivos sí, pero disculpe,
se olvida de los objetos.
(Por no hablar de los sujetos)

Habla de lo que se debe
(que a menudo es un debería)
pero no de lo que se puede.
Porque para nosotros se puede
y para Usted apenas se podría.

Escribía, escribí, escribo.

Usted no sabe de mí,
pero pretende que yo sepa
todo de su último libro, del anterior,
todo del seminario de vaya a saber qué
que dio vaya a saber cuándo ni dónde.

Escribo.

Escribo.

Escribo.



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sábado, octubre 29, 2016

Blues de lxs egresadxs


Hasta ayer era La Dama,
el Más capo, El conductor.
Mañana seré una más:
uno más en el sistema.

Hoy no encajo en ningún lado,
de acá ya me están echando.
No sé si me quiero ir...
(allá no sé si me dejan)

No sé si podré entrar donde quiero.
No sé.
No sé si podré hacer lo que quiero.
No sé.
No sé si podré decir lo que quiero.
No sé.
No sé si podré ser quien yo quiero.

No estoy triste -aunque sí-
 un poco descolocado.
Siento qué ésta fue mi casa
y la voy a dejar de lado.

Tal vez vos no sientas esto
(estás dejando atrás un pasado)
No está mal. Lo mismo vale.

Bienvenido y bienvenida
a los interminables no sé del futuro.
Yo puse pocos y vos, seguro
vas a seguir con la lista.

Tristezas de lxs egresadxs
(o blues, como vos prefieras)
no es que me ponga triste,
sólo
no quiero quedar afuera.



Si es posible de nada.

Nunca.

(Así somos)

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jueves, octubre 27, 2016

Tristezas de monstruo


Me imagino que si me vieran
todos pensarían lo que,
es obvio
siempre piensan de mí.

Que fui yo, que soy yo,
que seré siempre, yo,
ese monstruo despreciable
que los asusta y alarma.
Ese que en vivo o en sueños
está ahí para devorar sus carnes.
(Frescas o congeladas)

Voy avisando que no soy un Monstruo.
(Aunque para más de uno lo parezco)

Tengo una larga barba muy negra.
Es verdad. Muy larga y muy negra.
Pero es que no me afeito. Sufro.
Me da alergia la crema de afeitar.
Mi piel suave no resiste
semejante andanada de químicos.

También admito tener tres patas peludas...
¿Creen que eso es tan grave?
Las dos con las que cargo desde que nací
la verdad que ya me dan bastantes problemas.

Pero alguien dejó una más en mi puerta,
y me decidí a recibirla con amor.
¿Cómo no sumarla a las dos que ya tenía?
Si vieran hoy lo bien que se llevan
tal vez omitirían sus comentarios.

Por último, la joroba.

¿Ustedes piensas que es bonito
portar con semejante estigma?

Yo no lo elegí. Les aclaro.
Vine al mundo con esto,
y de esto tuve que hacerme cargo.
Hice secundaria y facultad,
sin que me doblegaran las risas.

Soy fuerte. Ya pasé esa prueba,
y ahora quiero buscar novia.
Me dicen que busque alguien
ejem…"Alguien de mi especie"
Pero,  ¿donde? ¿y porqué?
Soy lo que soy -lo asumo-
aunque no veo porqué no podría
enamorarme igual que todos.

No soy un Monstruo.
Créanme que no soy ese.

Puede ser que haya comido
alpiste y mijo del comedero.
Las sobras, apenas,
de lo que dejan los pajaritos.

También admito haber tomado
alguna que otra hoja de lechuga
de vuestros hermosos canastos.
Dos tomates, si mal no recuerdo,
ahora sí mi confesión está completa.

No soy un Monstruo. No soy ese.
Sufro el amor no correspondido.

Este monstruo no quiere beber tu sangre.
Ni pensar en desgarrarte la carne en tiras.
Soy repudiado entre los de mi especie.
Soy un pobre monstruo vegano.

Triste monstruo enamorado.


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martes, julio 06, 2010

Almuerzo en el Brighton. Tercera escena.

Esta vez llegamos al Brighton en poco menos de cinco minutos desde abajo.

Abajo es la plaza del centro desde donde se ve la terracita del hotel casi flotando en el vacío en pleno Cerro Concepción. Por supuesto que cuando uno está arriba y se sienta en las mejores mesas de esa terraza, con una vista displicente y absoluta hacia la bahía no se imagina ni se detiene a reflexionar sobre dónde está parado. O en este caso, sentado.

Cuando uno camina desde abajo -y más luego del terremoto de febrero- cuesta sentirse tranquilo pensando que uno va a estar allí, como a trescientos metros sobre el vacío. Pero en mi caso, el fin todavía justificaba los medios y estaba ansioso de llegar allí.

Para comenzar, trepamos y transpiramos hasta llegar arriba. Esta vez no dimos rodeos ni utilizamos los funiculares, porque ya la teníamos clara. Estábamos abrigados como para una mañana de mucho frío y el mediodía de Valpo nos sorprendió con un sol agradecido de nuestra presencia allí. Tan agradecido que nos hizo desvestir en no más de quince minutos mientras íbamos subiendo.

El Brighton lucía nuevo, con una piel naranja en sus muros, tan diferente y complementaria de la azul con la que lo recordaba.

Tardamos en llegar a la mejor mesa, pero luego de tres cambios sucesivos lo logramos. Conseguimos sentarnos sobre la baranda que da al vacío (esa que contaba que se ve desde abajo y que da miedo, pero que desde arriba es la más codiciada) y al fin nos miramos.

Ví en sus ojos otra vez la misma belleza que creí contenida y se alivió mi alma.
Luego, comenzó la charla, y para acompañarla, unos pisco sour que no recomiendo.
(A menos que increpen al barman por una receta más contundente, son tan suaves e inocuos como una sprite con limon y así apenas un olor a pisco)

Todo lo demás de mil maravillss.
El almuerzo, excelente como siempre. Un ceviche rico y fresco, el salmón rosado que uno siempre desea comer en su punto justo y una corvina que siempre parece un pez poco fashion pero que el chef prepara como para demoler esos preconceptos.

No éramos los mismos que estuvimos allí en esa misma mesa por primera vez. No sé si queríamos serlo. Eramos otros, ciertamente, que nos mirábamos a los ojos con otra profundidad que la de entonces.

De a ratos, también mirábamos alrededor.
La bahía enfrente invita a perder la vista en el mar. Pero atrás y a los costados hay edificaciones que desde arriba parecen pequeñas. En este caso, yo buscaba huellas del terremoto y de a poco las iba encontrando: una rajadura severa por acá, una medianera echada abajo por allá, edificios abandonados, otros con peligro de derrumbe con cintas de precaución.

Se hacía tarde y llegaba el frío. Así es este lugar.
Nos despedimos del Brighton una vez más con la convicción de volver aunque sin saber cuando. Sólo pensando que seguramente sería pronto.





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lunes, junio 07, 2010

Almuerzo en el Brighton. Segunda escena.

“Siento el cansancio de Santiago, quiero hallar en Valparaíso una casa para vivir y escribir tranquilo. Tiene que poseer algunas condiciones. No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria, pero no en exceso. Vecinos ojalá invisibles. No deben verse ni escucharse. Original, pero no incómoda. Muy alada, pero firme. Ni muy grande ni muy chica, lejos de todo. Pero con comercio cerca. Además, tiene que ser muy barata. ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?” Carta de Neruda a su amiga y poeta Sara Vial.

Muchas otras veces volví a Valparaíso.
Nunca por trabajo ni por obligaciones contractuales. Sólo por el placer de pasear por esa ciudad maravillosa con casas de colores colgadas de los cerros.

Cuando un arquitecto dice que pasea, en realidad miente. Somos una especie de detectives tratando de descubrir el alma de lo que se ve. Y de lo que no pero se intuye.

Desde el principio quise conocer la Sebastiana, la casa de Neruda allá en las alturas. Desde los ochentas que tengo fotos y revistas que me muestran lo que me podría encontrar.
Sólo después de varias tentativas infructuosas pude acceder a los secretos de esas habitaciones donde seguramente el poeta vivió, amó, escribió tal como yo lo hubiera hecho de estar en esos ambientes tan acogedores para la vida. el amor, la escritura.

Además estaba el océano: como él lo veía desde allá arriba, donde estaba el último cuarto, su estudio.
Ninguna de las miradas pedestres que uno pudiera tener desde la calle, desde el centro o desde el puerto mismo se le pueden igualar.

Desde ese mirador privilegiado sólo bastaba entrecerrar los ojos a oriente o a poniente (porque los ventanales permitían esa visión de casi 180 grados) para que todas las historias comenzaran a fluir sin pausa.

Por razones que me reservo, nunca volví al Brighton desde aquel mediodía del 2008.
Si me siguen, estoy seguro entenderán porqué.
Ansiaba volver pero no de cualquier manera. No a las apuradas, ni por si acaso, ni porque sí.

Un mediodía agraciado de fines de mayo ella, yo y la historia de esta historia nos fuimos a Valpo para volver a festejar algo.

Algo absolutamente nuestro, claro, porque de Neruda ya no se festeja nada...

Ya cuento cómo.

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martes, mayo 18, 2010

Un policial con asesinato y todo

Leo un libro, la historia no es mala.
Como en toda novela policial hay un cadáver en las primeras hojas e inmediatamente después un detective sagaz que irrumpe en escena y se hace cargo de todo.
Luego siguen varias páginas de intrigas, o demasiadas, según el caso.
Hay un eterno mayordomo de quien desconfiar hasta último momento. Un jardinero.
Otros sospechosos que por momentos parecen culpables pero que uno sabe que nunca lo serán, y por supuesto, también hay un asesino.
Avanza la historia y el círculo se va cerrando a la vez que crece en suspenso.
Todos queremos saber quién fue, cómo lo hizo, porqué.

(Suponemos que la historia no es mala y entonces crece el suspenso ni bien avanza la historia)

Acorralado, el asesino se quita la vida y la deja colgada en el respaldo de una silla, sin dar explicaciones. Luego, respira profundamente aliviado. Abre la puerta y sale a la calle, con la liviandad de ser uno más entre los otros.

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lunes, marzo 08, 2010

Tango

Querés que te compre el anillo
el cintillo
No sé
el atuendo de novia, las flores
el cortejo
No sé

Querés que te lleve en carroza
que llame a la luna
para que te ilumine
más que sus dientes
No sé

Querés que prometa
lo que nunca prometió

Querés que te quiera
sabiendo que en algún momento
no te va a querer

No sé

Hago esto por vos y tu familia
pero no me gusta un carajo
lo sabés
y no me protegés nada
estoy sola sola

No sé para qué
el anillo
el atuendo
las flores
la carroza

Si a la vuelta de la esquina voy a tirar todo

Nadie quiere llevar consigo un anillo de recuerdo,
Menos unas flores, un vestido de novia.

Quedate con la carroza

Qué bueno que no te necesito.

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martes, noviembre 03, 2009

Amor Imposible

Amo a esa mujer que me amó también aunque no supe tomarla en serio.

Su madre piensa que soy la encarnación del diablo.
Su padre algo peor, aunque por suerte nunca fue informado.

(Aunque sabe de todo (nunca?) se entiende bien porqué parece no querer saber)

Sus amigos son generosos, amigables y muy discretos.
No me quieren mucho, diría que casi nada. Pero nunca un exabrupto.
Sólo comentan algo entre ellos a mis espaldas.
Algo de lo que no quisiera enterarme, supongo.

Prefiero el exabrupto a tiempo y bien colocado que lo infructuoso de unir paralelas que parecen no querer juntarse.

Su terapeuta perdió una paciente porque ella insistía en amarme y
él hacía de la obstinación por eliminarme una causa (Ustedes me entienden: el tipo llegó tarde a donde yo llegué primero)

Su gato me muerde los pies y hace todo lo posible para que duerma en la cocina y no en su cama. Pero yo insisto y no doy el brazo a torcer aunque deba soportar los embates de un felino gordo, peludo y sedentario que gusta disponer su humanidad sobre cualquier parte de mi cuerpo, en especial la cabeza.

Amo a esa mujer, pero a distancia.
(Ustedes dirán: "No sé si es posible el amor a distancia" y yo mismo no sé)

Sólo sé que la amo pero con varias condiciones.
Lejos de su gato, del terapeuta, de los padres, de ella misma.

¿De mí?

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jueves, octubre 22, 2009

Pecera

Una paradoja para Mr. Hirst.


Sueño que estoy inmerso en una pecera, aunque esa pecera no es cualquiera.
Estoy en la jaula de vidrio que D. Hirst diseñó para su tiburón en formol.
Yo adentro. Sueño no sé porqué que estoy adentro.

Respiro y trato de escapar. Floto y respiro.
(Aún en mi sueño necesito aire)
Yo sé que ese tiburón está muerto y en formol,
pero en mi sueño me acorrala.
Braceo desesperadamente pero sólo empeoro las cosas:
el tiburón se encrespa y me persigue
(lo creía muerto pero no parece)
con sus tres o más filas de dientes.

Despierto, por fin.
Dentro de la pecera.

Reconozco el entorno y recuerdo que el tiburón está en formol y no muerde.

Me río un largo rato.
A carcajadas. Hasta la asfixia.
Me río hasta que advierto que estoy en una pecera
y necesito respirar.

Ya no es un sueño.
Estoy en la pecera y el formol me mata.
Muy de a poco.

Antes de cerrar los ojos, veo la sonrisa triste del tiburón y entiendo todo.


(así me convertí en otra pieza de museo para el acervo del Sr. Damien Hirst)

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martes, febrero 03, 2009

Lápiz roto y goma de borrar

Sebastián es un amor pero intuyo que hoy, cosa rara, no quiere levantarse. Agustina sí lo hizo pero a diferencia de otros días aún no se ha cepillado los dientes. Además, cosa muy rara, a los dos les duele la panza y es muy posible que en este mismo instante los tengas apretados a la falda.

Tu taxi se demora, ese que tenés al lado no colabora, los niños se rebelan... y vos ¿cuándo?.
Es suficientemente tarde y hay que pensar en el jefe que no tolera ni demoras ni excusas ni palabras salvo aquellas escasas que forman parte de su universo pequeño. Ese que se reduce a las cuatro paredes de su despacho y no conoce de astros ni estrellas fugaces.

Podrías pedir ayuda o salir a la calle y gritar quién sabe cuántas cosas, pero no. Mejor encerrarte en el baño y pensar lo que quisieras que diga tu diario el día de hoy.

Por ejemplo, día veintiocho: No hay nada peor que querer decir algo y no tener cómo ni con qué. Los ratones se comieron mi lengua hace ya tanto y sólo tengo este lápiz roto. No hay nada peor que nos quieran hacer olvidar lo que deseamos decir hace tanto. Todas las noches ensayo la mímica de un abrazo que se desvanece a fuerza de no encontrar nunca el cuerpo que busco.

Goma de borrar en el cerebro.

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sábado, noviembre 22, 2008

Tigres y mariposas

A primera vista suele verse en los tigres la ferocidad, la sed por una presa que luego se juzgará indefensa, un escenario que se imagina lleno de sangre, una boca jadeante llena de dientes filosos.

(Metáforas mediante, no sé cual es la diferencia entre mí y esa bestia con un corazón de mariposa a la hora de enamorarse)

La estirpe, las garras, el uniforme a rayas le juegan en contra a la hora de buscar una coartada.

Pero es necesario decirlo, a los tigres no les importaría vivir sólo un día de amor y luego dejarse morir.

El destino, sin embargo, les ha reservado una vida larga y tediosa.

Sólo para algunos pocos elegidos hay un sueño de mariposa.

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viernes, octubre 31, 2008

Huang Two Tli piensa en el verano


Consciente de que llega la estación más fértil del año en lo que a urdir nueva relaciones se refiere, sabe que deberá tarde o temprano abandonar la media sombra y el ambiente controlado de su tatami, si es que desea incorporar experiencias nuevas a su vida.

Viste de negro a la usanza de los antiguos monjes y cree poder resistir el bombardeo impío de rayos ultravioletas a través de la trama cerrada de su toga.

Advierte, sí, que le falta un sombrero y no se decide por ninguno de los que ha visto.

Un bonete de cumpleaños es bien juvenil pero no le sienta nada bien a esa cabezota de sabio oriental. Lo ha intentado otras tres veces, primero con un sombrero de ala ancha pero la onda cowboy no lo seduce. Luego intenta con una gorra tejida muy rasta. Los colores le gustan pero no consigue que se adapte a su cabeza. Por último intenta con un gorro de dormir rayado que tal vez fue souvenir de los bersuit. Le cabe, pero le da sueño y cree que no es la idea.

Hasta que encuentra una media de red hubiera podido asegurar que nada iba a sentarle bien, pero siempre hay tiempo para comprender la felicidad de ser anónimo.

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lunes, septiembre 29, 2008

Zombies

O la sufrida misión de hacer dos cuentos con una misma idea.
Ja. ¿sufrida?



Abandonado a la deriva en una cama de hospital el juicio final se le anticipa unas horas.

Frente a sus ojos se desarrolla un espectáculo que no tenía previsto y que -así son las reglas del juego en estas instancias- ni siquiera le es posible ignorar cerrando los ojos.

No podría explicar cómo sucede, pero las imágenes siguen allí sin que él pueda evitarlas. Parecen dispuestas a quedarse hasta que las vea y más allá de las hipótesis que maneja sobre la exacta ubicación de las mismas -afuera o adentro de sus párpados- se resigna y asiste por fin a la función que le han preparado.

Salen a escena un grupo de hormigas carbonizadas. Cuando las luces se apagan, bailan un rap fogoso donde alegan que ese tipo a los ocho se divertía rociando pólvora sobre sus cuerpos con un fósforo encendido en la mano jugando a que eran soldados que debían inmolarse en el campo de batalla.

(Nunca sabrá si ellas son las mismas pero por la crispación de su cara se puede deducir la veracidad de la historia que ellas tratan de contar)

Luego es el turno de los sapos reventados por efecto del cigarrillo que ese mismo tipo les puso en la boca. Algunos rastros de piel verdosa dejan adivinar lo que fueron pero no da para ver más.

(Por suerte no hay ojos mirándome fijo, piensa en su fiebre)

Siguiendo el desfile, ahora aparecen varios peces hermosos, tornasolados, altivos.

(Los vio tan majestuosos en su pequeñez como los recordaba a la hora de tirarlos al inodoro pensando que de esa forma llegarían bien pronto a encontrarse con la libertad que les había sido arrebatada)

No estoy tan seguro de que fue así, pero tal vez podría pensarse que el tipo tuvo alguna vez un sentimiento noble.

A continuación, un par de gatos enloquecidos con latas en la cola y el perro callejero al que recordó haberle hecho inhalar pegamento. No sé si el final del acto había sido planeado así pero los tres, los dos gatos y el perro terminaban su número en una montañita patética de cuerpos y ojos desorbitados en el centro del escenario.

Más tarde hubo caballos que recordaron haber sido salvajemente espoleados sin remordimiento y también pumas, ciervos y perdices que ofrecieron negros agujeros como prueba de haber sido acribillados a balazos en una tarde de caza.

Ya era de madrugada cuando vino el cierre del espectáculo a cargo de varios pollos prolijamente eviscerados, una vaca sangrante con algunos retazos de carne colgando de su osamenta y un cerdo en silla de ruedas arrepentido de su buen paladar.

Cerrado el telón, le quedan apenas unos pocos minutos para secarse el sudor de la frente y comprender al fin porqué ese virus desconocido, microscópico y artero se ha decidido a hacer de las suyas en el interior de su organismo sin siquiera haber notificado su presencia.

Cobra venganza.

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domingo, septiembre 28, 2008

Amigo

Mi amigo agoniza en una cama de hospital.

Un virus desconocido, artero, microscópico ha entrado en su organismo y parece decidido a quitarle la vida.

- El caballo de Troya ya está dentro- me dijo ayer.

Lo miré a los ojos y entendí que sólo quería sedantes y narcóticos para dejar pasar el tiempo sin enterarse de niguno de los movimientos de ese ejército subterráneo.

Sólo para distender le pregunté si quería pasar el resto de su vida acostado.

-Claro, pero no con vos- me dijo.

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viernes, septiembre 12, 2008

Acuarela

Alguien dijo que mi cielo celeste y tu mar azul parecían separados por una línea negra de horizonte.

Sólo basta mirar fijo hacia allá, queriendo ver lo que no se ve en una primera instancia, para darse cuenta que no hay límite entre una cosa y la otra.

Tal vez haya un dolor en los ojos luego del ejercicio o un deseo de no ver lo inminente.

Un pincel húmedo atraviesa ese horizonte que hasta hace un rato parecía una frontera con púas haciendo que de pronto todo se mezcle.

Lo tuyo, lo mío, mi cielo, tu mar.

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viernes, junio 20, 2008

Almuerzo en el Brighton. Primera escena.


Cuando fui a Valpo por segunda vez el fin de siglo no era más que el mal recuerdo de una resaca lejana.

Un par de años antes del hecho y otros tantos después de esa circunstancia solemne y absurda había cumplido con creces el sueño del padre de Montano: conocer por fin ese océano que en los mapas se ve tan celeste como todos los otros y que por pura desconfianza quise ver de cerca.

Una vez allí y con conocimiento de causa estuve en condiciones de desacreditar por fin la absurda visión de los cartógrafos. No sé hacia dónde miran estos tipos con sus catalejos o si los que usan están absolutamente desenfocados pero lo cierto es que el pacífico es absolutamente distinto a como se lo ve en los mapas. Pareciera que para ellos sólo basta un indicio de agua para pintar todo de celeste.

Sin embargo, el océano es muy distinto a ese cuadro que vemos en los pizarrones. Y para comprobarlo me dejé hundir hasta la asfixia y el entumecimiento en el oleaje indómito que peleaba palmo a palmo con las rocas de la costa una batalla germinal por la supremacía de los elementos.

No fue mi mejor día, pero salí a flote con una sonrisa y las piernas entumecidas con un tinte azulado levemente virando al violeta. Se lo veía bello para cualquier composición pero no en mis piernas. Queda claro.

Me intrigó saber si el Brighton realmente existía y -para ser fiel al relato en Montano- si desde esa terraza realmente se veía el océano.También, y en otro nivel de pensamiento, si era posible que un otro pudiera sentir la necesidad de ver por primera vez el Pacífico, y más aún, se empeñara en escribir sobre ello.

Respetaba su impresión por tres motivos.

1. Nunca había estado allí .

2. El tipo era un "atlántico" como yo, pero uno que casi al mismo tiempo expresaba algunos pocos deseos que tuve.

3. No soy tan crítico con las mentiras literarias porque entiendo que de alguna forma siempre hacen crecer nuestros relatos.

Sin embargo, en este caso me puse la toga y decidí juzgar cuánto había de verdad en su relato.

Si dijera que regresé a Valpo gracias a Vila-Matas faltaría a la verdad.

Lo hice sin buscar nada.

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martes, mayo 20, 2008

Dibujar las letras

Cuando uno empieza a escribir importa más la imagen que el significado.

En ese momento nadie está en condiciones de pensar en lo que vendrá.

Habrá letras feas y lindas, buenas y malas, femeninas y masculinas, débiles y poderosas. No esperen ejemplos, todos sabemos de lo que hablo.

A esa altura, nadie está en condiciones de pensar que de la rara alquimia que las combine -tendenciosa o espontánea, según el caso- van a surgir palabras y frases capaces de acercarnos alternativamente al infierno o al paraíso.

Los niños por suerte son niños.
Están lejos de tales pesadillas y sólo intentan pulir su caligrafía con esmero como si se tratara de dibujar árboles y guerreros, pelotas de humo, paisajes.

Para ellos sigue siendo un juego describir lo que ya es obvio que está sucediendo puertas adentro aunque para otros no parezca más que un garabato tembloroso colgado de los renglones.


A Maia, que me hizo pensar en esto cuando quiso poner en palabras algo que supongo que ya estaba maduro en su interior. También a San, por hacer de medium.

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martes, abril 15, 2008

sueño okupa

Me llama la atención que asegure con tanto énfasis haber soñado como suya la casa que imagino.

Por si acaso, le pido precisiones.

Su descripción es tan minuciosa que desacredita cualquier duda de mi parte: es obvio que subió escaleras, abrió puertas y frente a las ventanas vio más allá. Con sinceridad, debo decir que hizo posible lo que yo no pude. Evidentemente, se refiere a la casa que trato de construir en mi imaginario desde hace tanto tiempo y no a otra.

Siempre creí que esa era sólo mía pero ahora entiendo que tal vez sin saberlo estuve a punto de robarle algo.

No opuse resistencia y dejé que la creyera suya.

Luego, me obligué a soñar con esa casa todas las noches con la secreta ilusión de encontrarnos.

Hasta hoy, no lo he conseguido, pero espero no morir en el intento.



(Como "Mi casa" parece haber muchos lugares que creemos que nos pertenecen desde siempre y que sin embargo por algún motivo secreto o desconocido no somos capaces de ocupar ni de soñar por nosotros mismos)

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jueves, abril 10, 2008

Miguel también se la mira

Quizás el título del post haya llevado sospechar otra cosa, pero no.

Me pareció interesante a propósito de lo escrito hace un tiempo sobre la uña de Huang hacer mención a este maravilloso pie de página de Rep en Pagina 12 del día de hoy.

Pueden verlo completo acá: http://static.pagina12.com.ar/fotos/20080410/rep/na40di01.gif

De nada.

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viernes, abril 04, 2008

Sueños

Hace dos noches sueño con una casa bella, amplia, luminosa.

Lo comento con mi terapeuta y luego de escucharme atentamente me explica lo que yo no alcanzo a interpretar.

"A juzgar por lo soñado -me dice- Usted debe esperar cambios positivos en su vida como seguridad económica, bienestar, tranquilidad"

Seguimos hablando de varias cosas, pero ya no lo escucho.

Me quedo pensando en sus pronósticos hasta la hora de despedirlo con el apretón de manos de siempre.

Cuando suena la campana él se retira y la presencia del guardia en la puerta me hace notar que debo regresar a mi celda.

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