martes, agosto 16, 2011

Libretas Norte Pág. 95. Apocalipsis

Todo
aquello que aún sea
lo poco o mucho que quede
lo que siga siendo.

Todo
lo que pueda estar
lo que quisiera seguir
estando
lo que no será ni atisbo
ni presunción ni sueño.

Todo aquello, no será visto.

Trágicamente,
el vacío será la historia.

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lunes, julio 19, 2010

Signos Vitales

Estoy en franco desacuerdo con las teorías médicas, paramédicas o psicomédicas a la hora de discernir si un cuerpo está vivo o no.

No creo que basta con un corazón latiendo en tiempo y forma, una presión sanguínea normal, temperatura no muy por debajo ni muy por encima de la media considerada normal, un pulmón que se mantiene en las 13 veces por minuto o parámetros químicos estabilizados para juzgar que la persona está viva.

Todos conocemos algún caso de pacientes internados desde hace días, meses, años en esas cuevas de supervivencia de los hospitales que manifiestan signos vitales estables según el patrón de referencia pero que por días, meses, años no mueven un dedo ni dicen una letra ni puden incorporarse.
Con suerte, algunos saben quién está enfrente. Pero encima cuando salen añoran esas maquinarias...

Quisiera que de una vez por todas se juzgaran en serio otros signos vitales, para lo cual acompaño algunas preguntas básicas que podrían ser incorporadas al cuestionario médico de ocasión. Por ejemplo:

¿Usted es feliz?
¿Cuál fue el libro que leyó la última vez?
¿Tiene ilusiones?
¿Todavía espera algo de la vida?
¿Sueña?
¿Tiene sueños?
¿Sueña con sueños que no ha concretado?
¿ Sueña con sueños que esta vez cree posible concretar?
¿Ama?
¿Es amado?
¿Quiere amar?
¿Le gustaría ser amado?
¿Está solo?
¿Se siente solo?
¿Disfruta o padece el estar sólo?
¿Ha salido a caminar su barrio?
¿Disfruta de ver amanecer?
¿Ha visto llover alguna vez?
¿Se ha mojado con esa lluvia o con otra?
¿Qué le gusta hacer?
¿Sabe hacerlo?
¿Y entonces porqué no lo hace?

Se me ocurren muchas otras, pero el espacio es breve.
Era una muestra.
Tal vez sigo.

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domingo, mayo 30, 2010

Cucaracha

No sé a quién se le ocurrió ponerme antenas en la cabeza.

Según mi larga experiencia de casi dos días y cuarto de vida esos inadecuados y extraños adminículos sólo me han servido para recibir un combo de malas ondas, interferencias y desprecio. Sería inmensamente feliz si al menos consiguiera un sombrero apropiado para ocultarlas, pero se ve que hay poderosísimas razones de marketing que justifican la escasez de ese producto en los mercados.

Alguien ya lo dijo antes, evidentemente el mundo vive equivocado, porque es obvio que nadie se ha puesto a pensar en cuantas somos y las necesidades que tenemos.

Como si esto fuera poco, también me han regalado un caparazón duro y lustroso para protegerme de una larga lista de calamidades que a los ojos de cualquiera parecen temibles, aunque no para mí.

Con sinceridad, lo único verdaderamente temible a lo que me enfrento a diario es el hambre. Eso sí que me puede. Si pudiera elegir, cambiaría ya mismo mis ridículas antenas y mi escudo invencible por un estómago de vaca para poder disfrutar con placer de un banquete glorioso de tanto en tanto sabiendo que en algún recoveco de mi cuerpo habrá de guardarse por semanas más de lo mismo como en una alacena o un freezer.

Sin embargo, estoy lejos de tal hipótesis porque apenas soy un insecto y dentro de ese rubro uno que califica mal en todas las encuestas. Como es sabido, los de mi especie no tenemos voz ni voto, sobrevivimos día a día y nos regocijamos con las sobras de los demás.

Por suerte están los humanos(o por desgracia, como dice mi hermana).

Con estos sujetos es necesario tener un mínimo de precaución ya que nadan en sus propias contradicciones. Viven felices y nos alimentan (claro que sin sospecharlo) mientras no seamos visibles.
Todo cambia si por desliz o distracción me aparezco frente a uno de ellos.Son capaces de odiarme y perseguirme por toda la casa hasta saciar su sed de venganza convirtiéndome en sticker para la suela de su chancleta, o peor aún, envenenarse a sí mismos con una sobredosis de tóxicos destinados a exterminarnos.

En esos casos pasamos un mal rato, es cierto, pero no saben la gracia que nos da sus torpes estrategias. Deberían saber que la combinación de antenas, caparazón lustroso e historia es casi invencible.

Ese alimento del que hablaba es el que, tarde o temprano, me hace dar la cara. No obstante, deberían saber que mi paciencia es infinita y puedo pasar siglos con los ojos abiertos hasta que la luz se apague y llegue la hora de saborear mi banquete, consistente en unas pocas migajas de pan sobre el piso o tres cuartos de la torta de chocolate que quedó sobre la mesada. Y si me apuran, debo confesar que los platos sucios apilados en la pileta de la cocina me deparan los más exquisitos manjares.

Todo me sirve, pero no crean que soy tonta. Antes de disfrutar un banquete inusitado que se aparece ante mí, me contengo y pienso si no es un cebo con el que tratan de atraparme. En esas ocasiones, me saco mi sombrero nuevo (al fin conseguí en Palermo uno divino con dos agujeros para las antenas) y las dejo hacer lo suyo porque confío en ellas.

No tengo entidad para jactarme de una absoluta inocencia, pero díganme si el sujeto no debería avergonzarse de la propia basura que genera en lugar de buscarme a mí con sus pisotones desquiciados.

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lunes, noviembre 23, 2009

Pensar distinto

Muchas historias comienzan por casualidad.

Lo mejor o lo peor, sucede cuando a esa primera eventualidad se le suma una segunda y nuestro germen de historia se refuerza o se desdobla en otras varias líneas que -como un buen martini- nos marean pero nos abren puertas insospechadas.

La pregunta casi ingenua en un mail era: ¿Será posible que un poeta piense distinto que un narrador?

Digo una pregunta, pero no sé si lo era.
Si no, debería olvidarme de pensar en una respuesta, pero si lo era debería hacerlo.

No se trata exactamente de una visión del mundo sino de la forma de expresarla. Tal vez sean dos bandos enfrentados de por vida pero yo, que siempre me he sentido más cerca de la poesía que de la prosa admito lo difícil de pensar distinto.

Después de haber sido cautivado por los Crímenes Imperceptibles de Guillermo Rodríguez, entendí que la matemática proponía como disciplina lo que siempre hice indisciplinadamente y que en cierta manera la literatura hace a menudo. Ver desde la vereda de enfrente, descartar lo obvio porque desde abajo o arriba o atrás lo que vimos de frente podría no ser lo que vimos.

Estoy sentado frente al plano de la casa de Honduras y aunque todavía no alcanzo a ver lo que quiero ver sé que está ahí. De eso se trata un proyecto de arquitectura. Como sucede con las matemáticas o con la criminalística, sólo hay que entrecerrar los ojos y renunciar a lo obvio hasta que por fin aparezca aquello que era accesorio y que en realidad se convertirá en lo central, en el eje de todo proyecto.

Y, como sabemos los que sabemos, sólo basta vislumbrar un eje y dirigirse hacia él. Todo lo demás es accesorio.

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lunes, febrero 04, 2008

Mitos #2 Ranas y Sapos

Salí a caminar por el jardín escapando del agobio de un verano que se hacía sentir con fuerza dentro de la casa. Me pareció escuchar una bonita rana y entonces me pregunté si sería una princesa encantada.

¿Habré de besarla como recomiendan los manuales o será un sapo perverso que saca provecho de tantos siglos de cuentos clásicos para estampar su lengua pegajosa en los labios del primer transeúnte iluso que se le pasa por delante?
¿Y si en vez de un sapo perverso fuera realmente un príncipe?
¿Y si llevado por mi buena fe besara a un sapo-que-realmente-es-príncipe, me pediría la mano para conducirme a un matrimonio a todas luces difícil de consumar?
¿Y si en realidad fuera yo - quién sabe por cuál pretérito maleficio- un sapo encantado que padece desde hace milenios esta pálida existencia en una envoltura de humano que no me es grata y a la cual nunca he terminado de acostumbrarme?
En ese caso, ¿debería dudar de lo que soy o de lo que es el otro?
¿Debería dejar que el otro dude de él y yo simplemente concentrarme en mi duda?
¿Se puede besar y dudar o es a todas luces impropio hacerlo cuando se besa?
¿Una rana se besa con los ojos abiertos o con los ojos cerrados?
¿Y un sapo?
¿Yun príncipe?
¿Y una princesa?

Un sapo encantado (es decir un príncipe bajo estado de hechizo) y ua rana encantada (una princesa bajo el mismo estado) tienen estadísticamente más posibilidades de besarse que una rana y un humilde cortesano o un sapo y una doncella.

En la hipótesis anterior, ¿cuál es la necesidad de involucrarnos a los humanos en enredos amorosos que de seguro no nos coresponden y apenas alcanzamos a comprender?

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viernes, abril 13, 2007

Penélope

Ninguna despedida es otra cosa que urgencia, pero nomás verlo así, diciendo adiós sin posibilidad de adivinar en sus ojos más que la prisa por subir al barco y cortar las amarras, me hizo entender la necesidad del tipo por poner distancia entre nosotros.

En ese momento decidí mi venganza.

Lo pensé mucho porque podría haber agradecido ese gesto que me liberaba de remordimientos para correr bajo las sábanas de una larga lista de apuestos pretendientes.

Sin embargo, elegí encerrarme y esperar hasta sentir su debilidad una vez que estuviera frente a mí, porque nunca dudé que volvería.

Lo de tejer y destejer no se ha comprendido bien. Día tras día, el odio que siento me hace ceñir más los puntos de la mortaja que sin dudas, querrá lucir a su regreso, cuando la vanidad del triunfador no le permita discernir entre lo efímero de la gloria o la eternidad del ocaso.

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